viernes, 7 de agosto de 2015

Cuba.




Hace unos años tuve la oportunidad de viajar a Cuba y no lo dudé: Cumpliendo el tópico quería visitar la isla antes de que desapareciera todo su sabor auténtico.

No tengo demasiado claro si los actuales habitantes de la isla de Cuba tienen conciencia de habitar en una de las primeras islas pisadas por los colonizadores españoles en busca de sus riquezas o tan solo piensan por contra que el auténtico "tesoro" viene de la mano de la multitud de turistas que la visitan cada año.

Porque para algunos habitantes de la isla, como todos los europeos les parecemos ricos, el verdadero "tesoro" lo constituyen esos turistas que para sus empobrecidos ojos gozan de una sana economía que nos permite comprar y comer lo que queremos, lo cual, crisis aparte, no deja de ser en comparación bastante cierto

Cuando uno aterriza en Cuba lo primero que nota, además de ese calor húmedo, casi tropical sin estar realmente en el trópico, es que  muchos te consideran un oscuro objeto de deseo, es decir, alguien que no sólo puede sino que debe ser debidamente estrujado para sacarle todo el potencial económico que atesoras.

Para una parte significativa de la población  el turista no es una persona, sino un pomelo a exprimir, un cheque en blanco del que sólo hace falta conseguir que firmes, cueste lo que cueste.

En función de quién sea el personaje que intenta estrujarte, los medios a emplear varían: si es una mujer utilizará todas las armas propias de la sensualidad caribeña; si es un hombre apelará a lo más profundo de tus entrañas para conseguir que te conmuevas y realices el donativo más alto posible a su particular "O.N.G.", o sea, a él mismo.

Es verdad que como comentaba un amigo mío ya fallecido, después de haberla visitado, los cubanos son "gente muy amigable" y antes de que te des cuenta ya están conversando contigo como si te conocieran de toda la vida mientras, eso sí, les invitas a una o varias cervezas y, por qué no, a algún paquete de cigarrillos.

Si tu primer contacto con la isla es a través de Santiago de Cuba, es allí mismo donde empieza la permanente procesión de pedigüeños qué va a acompañarte durante todo tu recorrido.

Es cierto que al final lo más práctico es rodearte de uno o dos de  estos "artistas de la supervivencia" locales que se dedicarán, además de a gorronearte todo lo que tu vergúenza les permita, a alejar a toda la nube de pedigüeños para quedarse contigo como si fueras una estupenda exclusiva.

Se disfruta mucho recorriendo la isla junto a unos guías sin título, con un chófer con carne caducado y en un destartalado vehículo de transporte de personas ilegal, esperando evitar que te detengan las patrullas motorizadas de policías, caballitos les llaman, que circulan por las carreteras para obtener su propia recompensa del turista.

Resulta también reconfortante la compañía casi desinteresada de estos guías que te permite conocer lugares y locales en los que jamás te habrías atrevido a entrar: playas llenas de personal local que te mira aturdido y perplejo cuando comentas que te encuentras en tus únicos días de vacaciones de todo el año y que en contra de sus creencias, en tu armario sólo tienes un par de vaqueros y no precisamente de marca; y también salas de música donde se escucha y se baila el auténtico baile cubano en una pista de baile de tierra.

Igualmente te permite adquirir determinados productos exclusivos como los habanos a precios irrisorios, aunque cuando llegues a España te des cuenta que se trata de capas de puro rellenadas con virutas de tabaco y no de auténticas  hojas de tabaco enrolladas.

Es allí en Cuba donde llegas a conocer el auténtico alcance de la palabra racismo, cuando tu supuesto guía, intensamente negro como un personaje de la serie Kunta Kinte, comenta que no se va a acercar a cortejar a la chica que en un local le mira a él descaradamente porque es demasiado "prieta" para él, sinónimo de oscura de piel... 

La culminación de todo este cariño postizo viene con la tradicional invitación para ir a cenar a casa de los guías, donde si no se quiere salir completamente esquilmado, lo mejor es tratar de evitarlo por todos los medios.

Es en esa cena, en la que te van a cobrar lo que cocinen a cinco veces su valor y donde te van a enseñar las pobres condiciones en las que viven.

De todos modos, aunque evites la cena no podrás obviar la visita diurna a su domicilio supuestamente para saludar a su familia y es allí donde te mostrarán que en su modesta vivienda no hay baldosas sobre el cemento cuyo polvo respiran incesantemente los niños, sus hijos, por falta de ingresos. Pero mientras, su padre se dedica a saquear a los turistas y a gastarse todo el dinero que obtiene no en baldosas, sino en cervezas, tabaco y mujeres.

Y cuando reparas que en el salón de su casa existe un televisor de un tamaño del que tú no dispones en tu casa de  España, te comentan que no lo han comprado, no, sino que es un regalo de un turista muy majo de Bilbao, a ver si así pillas la indirecta.

Por supuesto que todo ello no quita un ápice a la belleza singular de la isla y sobre todo, a la de su capital, La Habana, que apareciendo como un decorado de cine de una peli de los años cincuenta, está dotada de calles y plazas con una magia singular que la hacen única en el mundo.

Es cierto que en la capital continúa el asedio de los "artistas", pero ya prácticamente te has acostumbrado a ellos como si fueran parte del paisaje e incluso comienzas a vislumbrar a la verdadera población que sufriendo en silencio las carencias más extremas, siempre tiene una sonrisa en el rostro y una palabra amable para con los forasteros.

En la capital se amplía el repertorio de los vividores que siendo desde luego "gente muy amigable" como decía mi amigo, cuando llevas unos días y dejas de responder al aluvión de saludos, llamadas y comentarios en español que te lanzan para tomar contacto contigo, te preguntan ofendidos si es que "no quieres hablar con negros" (sic) y sin aun así tampoco consiguen tu respuesta, pasan rápido al inglés y te espetan un "focking you" sin pestañear, a ver cómo reaccionas.

Por supuesto que en esta función social de hacer de guía sin serlo para que conozcas mejor la isla, tampoco hay discriminación machista y puedes observar por doquier a las mujeres que se las pintan para "guiar" a cualquier pareja de guiris a un paladar, restaurante privado no estatal, y allí, será por nostalgia de la época de los casinos de lujo, pedir langosta y vino de importación a costa de los cándidos turistas.

Lo cierto es que la isla sigue siendo maravillosa a pesar de esa cantidad ingente de elementos que tratan de parasitarte constantemente, y encuentras multitud de rincones de ensueño hasta detrás de una cancela de un caserón donde se celebra un evento cultural privado y al que amablemente eres invitado a pasar o cuando tomas un aromático mojito en la terraza del “Nacional” sentado frente al famoso malecón.

Por eso cuando llega el día de marcharte de la isla y volar a nuestro continente, habiendo dejado todas las cosas superfluas que llevabas en tu equipaje, no a eso supuestos guías, sino a la gente que has observado que realmente lo necesita, aunque te quedan dudas de cuál puede ser el futuro de la isla, a pesar de algunos cubanos, concluyes que efectivamente se trata de un “tesoro” todavía sin explotar.





viernes, 26 de junio de 2015

China







 No se me ocurre un destino más recomendable para viajar, sobre todo para el que no haya estado nunca, que China.

   Es cierto que cuando aterrizas allí en pleno verano las primeras veinticuatro horas se hacen bastante duras porque te encuentras inmerso en un calor muy fuerte y pegajoso, pero una vez superas eso y tu cuerpo se adapta, comienzas a grabar en tu retina imágenes imborrables.

   En Shanghai (por favor, pronunciar Shhanjai), frente a una orilla del inmenso río que la baña, te aturdes con sus descomunales torres de rascacielos. Y en tu orilla, un torrente de ciclistas detenidos frente a un semáforo en rojo, cuando cambia a verde, pasan ante ti como un caudaloso río de colores.

   Es decir, comienzas a descubrir que China es un país de contrastes, contraste entre el siglo XXI y los restos de un pasado ancestral casi imperceptible hoy día, pero sin que la frontera entre uno y otro territorio estén en ningún momento demasiado bien definidas.

 
 Al poco tiempo comienzas a descubrir que cuando creías estar acostumbrado a la comida china por los restaurantes instalados en España, la comida china autóctona resulta absolutamente incomestible para nosotros, salvo los pocos trozos de pollo debidamente identificados que te puedas encontrar navegando en tu plato o también cuando acudes al restaurante de lujo y consigues probar un delicioso pato laqueado... Mientras tanto, pasas hambre y sigues adelante con tu recorrido, nutrido por otros alimentos que no aparecían en tu menú del viaje.

   Es verdad que tu opinión sobre la población china que antes del viaje tampoco era demasiado positiva, cae muchos enteros cuando te das cuenta que en general no respetan nunca a nadie en una fila y si te pillan en medio de un paso te machacan a codazos y empujones..., o cuando observas que la palabra higiene tiene otro significado para ellos.

   Pero todo eso no significa que no acabes valorando otras cualidades de las que que podríamos aprender, como cuando miras tu reloj y te das cuenta que no son ni las siete de la mañana y ya llevan un buen rato de pie, o cuándo observas en cualquier centro de trabajo cómo el jefe todas las mañanas se dirige a la plantilla en formación para darles cuenta de la marcha de la empresa y de cómo valora su trabajo en la empresa, terminando todos juntos con sonoros gritos de ánimo colectivos.

   Conforme avanza tu viaje y profundizas un poco más en la esencia del pueblo chino, vas comprendiendo que es cierto que te encuentras en un país milenario, no tanto por los escasos vestigios que quedan de su glorioso pasado, sino por las profundas raíces que mantiene su gente, por ejemplo con su peculiar alimentación a base de ingerir tallarines de pasta a cualquier hora del día o de la de la noche, o con la devoción y respeto que intentan mantener con sus mayores, actitudes que nosotros desgraciadamente hemos perdido en unas pocas decenas de años, o por muchas otras cosas...

 
 Continúa tu viaje por las tierras de la antigua Catay y cual Marco Polo quedas encandilado por los puestos de tejidos y ropas que proliferan por doquier y que hoy en día llevan los logotipos de marcas que creíamos de lujo en nuestro país y que allí resultan ser del montón y cuando más enfervorizado te encuentras regateando con el vendedor nativo por cantidades de dos y hasta tres dígitos, un alma caritativa te susurra al oído que éstas discutiendo a brazo partido con ese muchacho por el equivalente de veinticinco céntimos de euro...

   La lección de humildad más importante de todas no te la llevas cuando todavía estás viajando por esas tierras, sino unos seis meses después de volver a casa cuando compruebas que ni la ropa que compraste como de lujo sobrevive al lavado semanal, ni el lujoso reloj "suizo" vuelve a funcionar a pesar de los cambios de pila, pero es verdad que el orgullo de haberte sentido un potentado en Oriente tiene su precio.

   
En todo caso, la visión más impactante de todo el recorrido la recibes cuando llegas a la ciudad de Xian y te conducen a conocer los famosos guerreros de terracota del Emperador: no hay palabras que puedan describir la impresión producida por la visión de los destacamentos imperiales debidamente formados en una inmensa nave cuyo tamaño equivale a un par de campos de fútbol. Cuando te explican que entre los miles de guerreros que allí se encuentran no se repite ni una sola cara la fascinación es absoluta.

   Finalmente el viaje te conduce a la capital que aquí denominamos Pekín, pero que allí todo el mundo, posiblemente por llevarnos la contraria, denomina Beijing.

   Si hasta ese momento del largo viaje todavía no te ha desaparecido misteriosamente ningún objeto ni dinero de tus maletas, tu sonrisa todavía permanecerá en tu rostro; bien al contrario de los que han sufrido esta plaga, en los que observaremos caras como de un cierto estreñimiento, aunque también es posible que sea por la constante ingesta de arroz blanco durante todo el viaje... 


 
En la capital, aunque se encuentre allí la famosa Ciudad Prohibida, es posiblemente donde nos recorran menos sensaciones de encontrarnos ante una cultura milenaria, pero es el punto de partida para una de las visitas ineludibles y más importantes, la de la Gran Muralla China, que acaba dejándonos boquiabiertos, no tanto por su belleza que es inexistente, sino por su monumentalidad que es apabullante: Kilómetros y kilómetros de muro hasta donde alcanza la vista que suben y bajan montañas como un perfecto decorado de la China Imperial.

   Cuando llega el momento, nunca deseado, de partir de vuelta a la realidad de tu país, no sólo eres consciente de lo privilegiado que has sido sido con tu recorrido, sino que te das cuenta cómo los estereotipos que se manejan en Occidente te han impedido acercarte antes a ese impresionante país y cómo su realidad supera cualquier idea preconcebida.


viernes, 5 de junio de 2015

Visigodos y Baturros.



2015

Visigodos y Baturros





Hace unos días estuve visitando las tierras de Amaya Salazar, ya sabéis, el personaje principal de la escritora de moda Dolores Redondo (El guardián invisible), en el precioso valle del Baztán. Recorriendo esos paisajes de ensueño tuve ocasión de escuchar hablar a muchas personas en su lengua de infancia, el euskera o vasco, idioma que, contrariamente a lo que creen algunos, no se originó en Vizcaya (Bilbao lo fundó un noble castellano, Diego Lopez de Haro), ni siquiera en el litoral de Guipúzcoa, sino en las montañas de Navarra, al norte de Pamplona, de donde parece ser originario el pueblo vascón.
Se dice incluso que no fueron las tropas moras las que asaltaron al ejército de Carlomagno en su vuelta a Francia después de haber asediado sin resultado Zaragoza y posteriormente arrasado las murallas y la ciudad de Pamplona, dando lugar al famoso cuaderno poético La Chanson de Roland (el Cantar de Roldàn). Multitud de historiadores modernos se inclinan más bien por pensar que el asalto lo llevaron a cabo pastores-guerreros vascones que aguardaban la vuelta de las tropas de Carlomagno ya sea, con motivo  de haber sufrido en su camino de ida todo tipo de desmanes, ya sea como venganza por haber arrasado Pamplona.
Y es precisamente en esas montañas donde me encontraba plácidamente sorbiendo un aromático pacharán, tras meterme entre pecho y espalda un  bacalao en ajoarriero de concurso, cuando me vinieron a la cabeza las andanzas, hace la friolera de doce siglos, de la estirpe de los Banu-Qasi (literalmente, hijos de Casio), herederos del desaparecido imperio visigodo en Hispania que con la llegada de los musulmanes se convirtieron al Islam a partir del siglo VIII para continuar gobernando sus tierras en gran parte del valle del Ebro. Y después de convertidos a la fe del Profeta continuaron cómodamente sus gobiernos sobre casi todo el valle (Tudela, Arnedo, Tauste, parte de la Rioja, etc.), nada menos que durante más de tres siglos.
Muy diferente fue el caso de sus tíos y primos navarros (eran también de la estirpe de Casio) cuyos reyes se mantuvieron en el cristianismo a pesar de la presión musulmana, bien es cierto que contaban precisamente con las montañas del norte de Pamplona para huir cuando era necesario de las acometidas bereberes (o en su caso las de las tropas carolingias).
Y claro, todo este devenir turbulento de ideas en mi cabeza acabó por conducirme a..., no sé adónde, porque el delicioso licor destilado de pacharán comenzaba a ejercer su efecto sedante.
Sí que es cierto que, antes de caer en brazos del dios griego que dio nombre a la conocida banda musical, me vinieron a la memoria algunas actuaciones históricas en nuestra tierra que guardan relación con toda esa historia de los Banu Qasi. Cuando eramos niños, estudiamos en el colegio distintos aspectos de los famosos Sitios o asedios de Zaragoza de 1808 por parte del ejército napoleónico. Allí, destacaron por su valor y determinación una pléyade de heroínas en defensa de la ciudad. Pero al menos yo, hasta que empecé a leer libros de historia por mi cuenta, con más de dieciocho años, no conocí que, en realidad, los franceses la asediaron en dos ocasiones hasta su caída (verano e invierno de 1.808): en el colegio no se cansaban de hablarnos de las heroínas y su abnegación y debieron pasar de puntillas acerca de que los franceses terminaron arrasando y entrando en Zaragoza con la obligada capitulación de la ciudad por las consecuencias terribles del segundo sitio, llegando a desaparecer nada menos que cuatro quintas partes de sus 55.000 habitantes. 
Durante toda mi infancia había creído, por culpa del mito de las heroínas batallando al pie de las murallas de la ciudad, que los franceses no habían conseguido traspasar las puertas y que sus habitantes habían sobrevivido en su mayoría. 
Nada más lejos de la realidad.
Qué diferente había resultado, más de mil años antes, el comportamiento de nuestros ancestros godo-musulmanes los Banu-Qasi, que supieron adaptarse a lo inevitable con cierta habilidad y visión de futuro y continuar su existencia sin demasiados contratiempos ni derramamiento de sangre.
Parece evidente que debemos continuar aprendiendo de la Historia. Cuando arrecia el vendaval, quizás  deberíamos plantearnos la posibilidad de aguardar a que escampe y no, como tradicionalmente solemos hacer, darnos de cabeza contra el muro hasta abrirnos la crisma.
A lo peor es que forma parte de nuestros genes...



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